📖 Recuerdos tras las paredes (parte 20, última)

👤 Por: #GilbertoLazaro (gilbertarencibia92@nauta.cu)

-Saben una cosa? Las paredes tienen oídos, seguro ya lo habrán escuchado de boca de alguien mayor que ustedes. Pero estas cuatro paredes tienen algo más, tienen recuerdos en su interior. Rosario avanzó un poco más con paso dubitativo hasta llegar a José, que acaba de ponerse en pie, le toma su mano y el responde al gesto apretando a su vez la suya. El viejo continúa. -Esta casa es algo especial. No sólo almacena los sucesos trascurridos tras sus muros, sino que los usa a su conveniencia para sus propósitos. -Que propósitos? ¿¡Que quieres de nosotros!?– grita Rosario. -Yo? Jajaja. – ríe sarcásticamente- Yo ya no quiero ni ansío nada, querida niña, pues, como puedes ver...– extiende su brazo más allá del balcón y este desaparece a medida que trasciende el barandal. Rosario y José quedan con la boca abierta. -Cómo puedes ver yo sólo soy un agente de los deseos de la casa. Morí hace años, sólo y olvidado en un charco de mis propios desechos, mi familia me olvidó hace mucho, tanto que ni siquiera tu madre sabía si vivía o no, José. Un recuerdo que nadie recuerda es todo lo que queda de lo que una vez fui. En cuanto a lo que quiere esta casa de ustedes, es simplemente que vivan aquí, sólo eso. Que sigan creando memorias. Yo fui el último propietario de este lugar, el último recuerdo de una vida tras sus paredes. Pero la historia aún no termina, y no puede terminar para ella, así que...– extiende un brazo delgado con una mano semejante a una garra deformada por la artrosis en su extremo prometiendo un cálido hogar donde formar una familia. Rosario recuerda la sensación que le provocó cuando tomó el sombrero de su padre y se estremece como la primera vez, aunque ahora algo es diferente: ¿será la costumbre? Ambos jóvenes se miran sin saber que responder, que decisión tomar, en tanto el brazo del anciano permanece extendido ante ellos, ligeramente translúcido por un rayo de sol vespertino que incide sobre su etérea superficie, que ya no es más que un recuerdo en la casa.

FIN