En Cuba no hubo el domingo 11 de julio un estallido social; hubo disturbios, desorden, causados por una operación comunicacional que se prepara desde hace tiempo, declaró la víspera el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.

“El domingo pasado se manifestó en Cuba el impacto combinado de un aumento de un pico de casos y fallecimientos de la pandemia de covid-19. La tensión consecuente sobre el sistema nacional de salud, su efecto en la vida de todas las personas, miles de ciudadanos cubanos y sus familias, y también de las carencias económicas provocadas por las carencias económicas, especialmente de estos dos años, agravadas sensiblemente por la intensificación deliberada del bloqueo contra #Cuba y el impacto de la pandemia en la situación económica internacional”, comenzó su comparecencia el canciller cubano en la tarde de este martes.

“Las dificultades económicas que hoy enfrenta nuestro país tienen diversas, múltiples implicaciones y dimensiones de naturaleza objetiva; repercuten en nuestro sólido sistema de salud, en el suministro del servicio eléctrico, aunque ha habido, además, alguna avería, relacionada también con las limitaciones de estos años en combustible y mantenimiento.

“Repercuten en los alimentos, las medicinas, las colas, el desabastecimiento, los precios y las dificultades que nuestro pueblo conoce mejor que nadie, porque las vive todos los días.

“Es sabido que el Gobierno de Estados Unidos identificó el impacto del virus y la pandemia como una oportunidad para reforzar el bloqueo con motivaciones políticas y aplicar lo que llamó medidas de máxima presión para reforzar la agresión a nuestro país.

“Ha sido un intento deliberado, cruel, oportunista de aprovechar las condiciones de una pandemia para intentar estrangular nuestra economía”, denunció Rodríguez Parrilla.

“Se conoce que el Gobierno de Estados Unidos ha dedicado históricamente, pero en particular en los últimos años, cientos de millones de dólares para interferir en los asuntos internos de Cuba, para hacer injerencia en ellos; para intentar inútilmente fomentar una oposición política al precio incluso de generar desorden, inestabilidad, con el fallido propósito de fracturar el orden constitucional, el consenso social, las condiciones de estabilidad, tranquilidad, seguridad ciudadanas, armonía, en que vive nuestro pueblo.

“Para ello ha utilizado herramientas de alta tecnología, poderosas y sofisticadas, de las cuales tiene, en este mundo desequilibrado, control prácticamente monopólico y lo ha hecho para tratar de aprovechar las duras condiciones sociales que ha generado en el planeta la pandemia y, en nuestro caso, haciendo, además, un uso impúdico, obsceno, desvergonzado de la mentira, la calumnia y la manipulación de datos en el intento de movilizar, convocar, incitar, manipular a las personas”, afirmó el canciller cubano ante la prensa internacional.

“Es un diseño con fines políticos, en el cual el imperialismo norteamericano ha trabajado por largo tiempo, ha acentuado sus esfuerzos y ha incrementado su financiamiento en los últimos años”, añadió.

Continuó recordando que “en la presentación de la resolución contra el bloqueo a Cuba, que aprobó abrumadoramente la Asamblea General de Naciones Unidas el 23 de junio, en el discurso se advirtió que ‘los Estados Unidos emplean cuantiosos recursos, laboratorios sociales y herramientas de alta tecnología en una desenfrenada campaña dirigida a desacreditar a Cuba mediante el uso de la mentira y la manipulación de datos’”.

El 23 de junio −continuó− “ya teníamos información, y era evidente para quienes siguen las redes digitales y los datos, que arrancaba, que estaba en desarrollo ese día una operación comunicacional de alta envergadura.

“El Gobierno norteamericano, incluso, sometía a condiciones extremas sus posiciones con relación a la anunciada revisión de la política hacia Cuba, y había heredado obstáculos interpuestos por el Gobierno anterior con el avieso propósito de impedir esto”.

Incluso −subrayó el ministro cubano de Relaciones Exteriores−, en momentos en que voceros estadounidenses hablaban de temas sensibles para la vida de las personas, como las medidas coercitivas unilaterales relacionadas con los viajes en ambas direcciones, con las remesas o con los servicios consulares, que afectan a los cubanos que residen incluso fuera de Cuba y a las familias, se abría paso una operación que contradecía esas declaraciones.

“En ese discurso del 23 de junio se dijo: ‘Algunos sueñan con provocar el caos social, el desorden, la violencia y la muerte. No es extraño porque se trata de un arma política ya utilizada contra otros países con consecuencias desastrosas’.

“El 23 de junio venía ya desarrollándose esa campaña, que incluía llamados a la violencia, a acciones terroristas, a la agresión a las autoridades, al asesinato del presidente de la Republica”, apuntó.

“También se advertía aquel día: ‘Unos pocos deliran con provocar un flujo migratorio irregular y descontrolado entre Cuba y Estados Unidos. Se trata de una apuesta peligrosa sobre la que hemos alertado al Gobierno estadounidense, que tiene la obligación legal y moral de honrar los acuerdos migratorios, en particular en materia de visados. Es un tema sensible que cuesta vidas’. Y hemos advertido ayer, y reitero ahora, nuestra advertencia al Gobierno de Estados Unidos”.

El canciller cubano afirmó que lo que se dirime hoy “es la alternativa entre el derecho de un Estado independiente, soberano, de una nación, de un pueblo a ejercer su derecho a la libre determinación, a disfrutar de sus derechos humanos sin intervención extranjera ni injerencia en sus asuntos internos.

“La alternativa entre asegurarse a sí mismo nuestro pueblo paz, cohesión social, tranquilidad, seguridad ciudadana y estabilidad, frente al intento ilegítimo, usurpador, ilegal e inmoral de una superpotencia de sojuzgar a la isla rebelde y tratar de determinar nuestro destino; entre esos propósitos y la actuación desenfrenada de una superpotencia que amenaza la paz y la seguridad internacionales, la independencia y la soberanía de todos los Estados del planeta sin excepción, y conculca la libertad de sus propios ciudadanos con el propósito político de provocar un cambio de régimen, alterar el orden constitucional que nuestro pueblo votó de manera mayoritariamente abrumadora en reciente referendo directo, universal y democrático”, afirmó el canciller ante periodistas.

Rodríguez Parrilla dijo que ayer y en días anteriores voceros y políticos estadounidenses “se han expresado con insuperable cinismo, hipocresía y manipulación política. El presidente Joseph Biden emitió un comunicado en el que  pide ‘al régimen de La Habana que escuche al pueblo cubano y alivie sus necesidades’. Se refiere, incluso, a la situación económica del país.

“El presidente Biden y el Gobierno de Estados Unidos deberían, en primer lugar, escuchar a sus propios ciudadanos que mayoritaria y sistemáticamente se pronuncian contra el bloqueo a Cuba, y en defensa de su libertad de viajar a cualquier lugar del mundo y a recibir información libre, exacta y de primera mano. Harían bien en escuchar a la comunidad internacional, que le reclama todos los años, de manera tangible −con una pizarra que refleja el voto de cada país y con debates que dejan absolutamente aislado a ese Gobierno−, el levantamiento del bloqueo.

“Harían bien en escuchar a los cubanos que residen en Estados Unidos y en todas las latitudes, cuyas familias sufren la manipulación de los temas migratorios y la aplicación de políticas que afectan la relación entre los pueblos, los contactos, los viajes y la reunificación familiar”, señaló Rodríguez Parrilla.

“Pero se requiere mucho cinismo para pedir al Gobierno soberano de Cuba que escuche a nuestro pueblo, que es víctima de la política del Gobierno de Estados Unidos, histórica y presente; de la política que aplicó el presidente Donald Trump; de las 243 medidas coercitivas unilaterales que sumó al bloqueo en su mandato, y de las más de 50 medidas que aplicó con un frío, calculador y oportunista, deliberado propósito de aprovechar las condiciones de una pandemia para tratar de provocar un cambio de régimen en Cuba, estrangular la economía cubana, al precio incluso de dificultar la prevención, tratamiento e inmunización de nuestros ciudadanos frente a la covid-19.

“Haría bien el presidente Biden en escuchar la voluntad abrumadora, expresa, reiterada de nuestro pueblo que reclama, de todas las formas y en todos los ámbitos, y en toda su diversidad, el fin del bloqueo que daña a todas las familias cubanas”.

Si el presidente Biden tuviera algún interés o preocupación sincera y quisiera aliviar la dificultades del pueblo cubano, creadas por la política de Gobiernos anteriores y la que aplica este minuto su propio Gobierno −prosiguió el canciller−, “podría tomar decisiones ejecutivas, usar una pluma y con su firma podría modificar significativamente, sustancialmente, sin necesidad del voto legislativo, aspectos fundamentales del bloqueo, incluido los que más daño humanitario provocan y los que más afectan el enfrentamiento a la pandemia por parte de nuestra nación.

“Podría instar al Congreso de Estados Unidos a que levante el bloqueo, a que adopte también iniciativas legislativas. Podría, además, recuperar algunas de sus prerrogativas soberanas y podría, por ejemplo, suspender la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton −la autorización de demandar ante cortes estadounidenses, en una brutal expansión de la ley de ese país, a compañías, ciudadanos y Gobiernos de terceros Estados, más allá de las fronteras de Estados Unidos”.

Biden podría, igualmente, “tomar medidas específicas con relación a aspectos de una crueldad extrema, como las dificultades impuestas a Cuba para adquirir ventiladores pulmonares en medio de la pandemia”.

En su comparecencia ante la prensa internacional en La Habana, Rodríguez Parrilla denunció que “el recrudecimiento de la política de cerco, de estrangulamiento económico del país en plena pandemia, ocurre junto a un incremento de la agresión política, mediática, comunicacional; a un aumento inusitado de las operaciones de desinformación, financiadas copiosamente con fondos federales del presupuesto de Estados Unidos que se declaran públicamente, decenas de millones de dólares anuales, sin contar los fondos encubiertos que también se usan en estas campañas”.